La nueva era italiana
Afortunadamente parece que al final el tiempo pone a cada uno en el lugar que le corresponde. Tras la celebración de las elecciones italianas hace apenas dos semanas, el país se ha visto inmerso en una situación de crispación exacerbada. Si cabía alguna duda acerca del carácter arbitrario e inicuo de Berlusconi, el espectáculo que está ofreciendo por tal de no aceptar su derrota, no hace más que reafirmar los pronósticos. Tras cinco años de mandato, Berlusconi no ha hecho más que inmiscuir al país en una situación de profunda crisis, tanto social como moral. Su misión como gobernante y supuesto emprendedor del desarrollo de una sociedad igualitaria parece haber sido enterrada bajo un objetivo meramente personal, pues mientras el país se ha ido arruinando el patrimonio del ex-primer ministro se ha triplicado en los últimos cinco años.
Ante el triunfo de Prodi, candidato de la coalición de centro-izquierda, Berlusconi no ha hecho más que difamar a su adversario, atribuyendo su victoria a un comportamiento fraudulento en las urnas. Parece que a pesar del control de más del 90% del mercado televisivo, bajo el grupo de comunicación Mediaset, y la concentración de la publicidad, bajo la empresa Publitalia, que ostenta una absoluta hegemonía, la campaña electoral llevada a cabo por Berlusconi no ha resultado efectiva. Esta campaña se ha caracterizado por su esencia virulenta, pues ha pretendido persuadir al electorado mediante argumentos banales, llegando a calificar de “coglioni” a aquellos que votaran al adversario, así como difundido mensajes descalificativos hacia los componentes del partido de la oposición.
Sin duda los electores italianos han demostrado una madurez intelectual envidiable, como en su día lo demostramos también los ciudadanos españoles, pues han conseguido hacer frente a un gobierno cuya manipulación sobre los medios no ha conseguido drogar el intelecto. A pesar de haber recibido constantemente mensajes mediáticos basados en una demagogia posfascista, han sabido escoger la alternativa adecuada.
Prodi parece cumplir los requisitos necesarios para que se produzcan en Italia los cambios pertinentes. En su programa incluye planes inmediatos como la reducción de la carga fiscal sobre las nóminas, pues la política emprendida por Berlusconi parecía haber dejado de lado los intereses de la clase media dominante. También incluye la esperada retirada de las tropas italianas sobre territorio iraquí. Por otra parte se centra en un asunto de vital trascendencia para el desarrollo intelectual del país. El nuevo Gobierno pretende acabar con el actual monopolio comunicativo implantado por el gobierno de Silvio. Las propias palabras de Prodi advierten sobre la necesidad de crear una competencia abierta en el mercado televisivo, pues en este momento existe un abuso de poder dominante que no puede ser tolerado en ningún país democrático.
Tras la negativa de aceptar la derrota y el ridículo infringido por Berlusconi sólo queda la esperanza de la llegada de una nueva era, donde la trasparencia configure la esencia de la ansiada “democracia” consciente italiana.ANA TORRES MENÁRGUEZ
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