Las Marbellas ocultas
La operación Malaya se ha resuelto, por el momento, con la detención de 20 personas entre ellas la alcaldesa de Marbella, y gran parte de su séquito, abogados y constructores. Se han impugnado 178 permisos de obra y se han paralizado más de 250 proyectos. Esta operación ha servido para demostrar una realidad, la de la corrupción urbanística, conocida por la gran mayoría de los ciudadanos y frente a la cual poco se podía hacer. De ahí la importancia de la operación anticorrupción de Marbella, pues ha puesto en el punto de mira a todos los que durante años se han aprovechado de sus cargos públicos para engrosar sus cartillas personales. Y es que para muchos políticos, la operación Malaya puede verse como la bota Malaya, valga la comparación, antiguo instrumento de tortura que aprisionaba a la víctima hasta romperle los huesos. La diferencia es que en este caso las victimas no son ellos, sino nosotros los ciudadanos, obligados a contemplar como se especula con nuestras playas, como se negocia con nuestros barrios, como se trafica desde las arcas municipales con nuestro dinero. Y es que Marbella es tan solo un ejemplo, pero desgraciadamente hay muchos, muchísimos más y no hace falta irse muy lejos para encontrar episodios de corrupción como el que ha sacudido la población marbellí. En Castellón, el Presidente de la Diputación Carlos Fabra ha sido denunciado por la Agencia Tributaria por presuntos delitos fiscales. En Orihuela, se esta llevando a cabo una investigación al alcalde y a varios concejales por malversación de fondos y prevaricación de la ley. Terra Mítica, que desde sus comienzos estuvo rodeada de escándalo se encuentra en medio de un proceso judicial por diferentes delitos fiscales y societarios. Por no hablar de las aberraciones que durante años se han cometido a lo largo del litoral mediterráneo, donde el cemento se ha ido comiendo las playas en pro de un turismo insostenible para los vecinos pero beneficioso para los mandatarios y que incluso ha supuesto un toque de atención por parte de la Unión Europea. Y es que cuando se trata de urbanismo parece que los políticos olvidan toda moralidad y se dejan seducir por los sobornos de las constructoras, las presiones empresariales y ante todo por el dinero fácil, ilícito e ilegal.
Por todo ello y por cientos de casos más, la operación Malaya supone un halo de esperanza para la ciudadanía, harta de ver como las Administraciones Públicas hacen caso omiso del interés general y sus representantes se benefician de sus cargos para obtener comisiones ilegales. Esperemos que las investigaciones no se limiten a Marbella, y que se juzgue a todos aquellos que durante años han incluido la corrupción urbanística en el orden del día.
OLGA ABAD DOMINGO
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