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¿Salvados?

El Tribunal Supremo admitió el año pasado el recurso que invalidaba la autorización del proyecto para abrir Blasco Ibáñez a través del barrio del Cabanyal hasta el mar, tras lo cual la plataforma vecinal “Salvem El Cabanyal-Canyamelar” presentó recursos contra las sucesivas licencias de derribo de edificios en el barrio y protagonizó numerosas protestas para detener las máquinas. El gobierno del PP decidió suspender los derribos y anunció que no tocaría los edificios protegidos por haber sido declarados Bien de Interés Cultural (BIC) hasta el pronunciamiento definitivo del Supremo. Además la denuncia se llevó hasta Bruselas en donde les dieron la razón declarando la paralización de las obras que ya habían comenzado.

Ahora el TSJ ha rechazado esa suspensión cautelar dando así vía libre a estos derribos, aunque “Salvem El Cabanyal” destacó que la sentencia no autoriza la prolongación de Blasco Ibáñez, pendiente del Supremo, solamente permite demoler los edificios afectados que estén situados fuera del BIC. La plataforma “Salvem el Cabanyal” defiende que no se lleven a cabo las demoliciones por atentar contra la estructura original de un barrio con tanta idiosincrasia e historia.

El asunto está en un tira y afloja constante, los vecinos no ven sólo esa supuesta intención de reestructuración de las zonas degradadas del barrio, porque las consecuencias irán más allá. La plataforma vecinal denuncia que 1.651 viviendas y más de 2.500 personas se verán forzadas a abandonar su entorno social y cultural. Además no se les permite restaurar sus viviendas, no se ha invertido en infraestructuras desde hace más de 10 años, no se limpian las calles y se permite el establecimiento de supermercados de droga. Todo ello genera que el barrio se vaya degradando poco a poco y ahí está la base para derribarlo todo.

Pero la solución no es tirarlo todo, ni especular posteriormente con el suelo cobrando el m2 a un precio muy superior del que pagaron a los vecinos, ni construir grandes edificios con vistas al mar con la excusa de que eso fue lo que soñó Blasco Ibáñez. Él que describió tan bien lo que era Valencia sus calles y sus gentes, amaba el Cabanyal y nunca hubiera querido que este pintoresco barrio de pescadores, con casitas modernistas, un barrio en el que todos se conocen y se saludan como antaño, fuera modificado y destrozado. Por ello los vecinos seguirán defendiendo lo que es suyo, porque no son edificios, sino sus propias casas, su futuro y el de sus hijos, la posibilidad de que los niños crezcan juntos jugando en la calle. Conservemos lo que aún nos queda de la herencia cultural, ¡Salvem el Cabanyal!

ÁNGELA DE RUEDA ÚBEDA

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